La primer calculadora mecánica

Nadie puede discutir que la humanidad ha logrado un impresionante desarrollo tecnológico, y que el caudal de conocimientos científicos se incrementa a un ritmo vertiginoso. Pero… ¿y si descubriéramos que parte de los saberes que en los dos últimos siglos nos brindan sofisticados aparatos electrónicos, fueron alcanzados por una civilización antigua hace ya 2100 años?

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Ese el caso del Mecanismo de Anticitera, una calculadora analógica antigua diseñada para calcular en forma exacta las posiciones de los cuerpos celestes y predecir varios fenómenos astronómicos. Según los cálculos de los expertos, la máquina fue diseñada en el siglo I a.C, es decir, hace más de 2100 años. Lo sorprendente es que algunos aparatos tecnológicos que se asemejan a su delicada estructura recién aparecen en el siglo XIV de nuestra era, cuando comenzaron a construirse relojes astronómicos en Europa Occidental. Además, el grado de complejidad de ciertas partes del mecanismo es comparable a la de los relojes del siglo XIX.

El mecanismo fue rescatado entre los años 1900 y 1901 de los restos de un naufragio ocurrido en el puerto de Glyphadia, frente a las costas de la isla de Anticitera en la actual Grecia de los restos de un barco romano de más de 160 pies de eslora. No se sabe con certeza cómo llegó a estar en el buque de carga, pero se ha sugerido que se lo estaba llevando a Roma junto con otros tesoros saqueados de la isla para acompañar un desfile triunfal por Julio César.

Inicialmente, los buzos recuperaron diversos objetos, la mayor parte de ellos obras de arte. Los restos fueron trasladados entonces al Museo Nacional de Arqueología y a principios de 1902, el arqueólogo Valerios Stais  notó que uno de los fragmentos de roca rescatados tenía una rueda de engranaje incrustada. Al principio, el experto pensó que se trataba de un reloj astronómico; sin embargo, tras estudios posteriores se consideró que el mecanismo era demasiado complejo para haber sido construido durante el mismo periodo que el resto de las piezas descubiertas. No fue posible entender la intrincada arquitectura del dispositivo sino un siglo más tarde de su descubrimiento. En 1978, Jacques-Yves Cousteau visitó el sitio del hundimiento, pero no halló restos adicionales del artefacto.

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Gracias a los avances en la tecnología de rayos X, ha sido posible conocer el número exacto de los dientes y el tamaño de los engranajes dentro de los fragmentos situados. Así, el funcionamiento básico del mecanismo ya no es un misterio y se ha reproducido con exactitud. Estudios recientes indican que el artefacto original constaba de 37 engranajes alojados en una caja de madera, de los cuales hoy se conservan 30. Los dientes de los engranajes tenían la forma de triángulos equiláteros con un paso circular de 1,6 mm, excepto para el engranaje de accionamiento –dotado de 224 dientes- que tenía un paso circular de 2 mm. El dispositivo se acciona girando una manivela pequeña, ahora perdida, que estaba vinculada con el engranaje más grande; esta configuración permitía ajustar la fecha en el disco frontal.

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La acción de girar la manivela provocaba la rotación de todos los engranajes interconectados dentro del mecanismo, lo que redundaba en el cálculo de la posición del Sol y la Luna; además el artefacto brindaba otros datos astronómicos, tales como las fases lunares, los ciclos de los eclipses y la ubicación de los planetas. Michael Edmunds, profesor de la Universidad Cardiff, asegura que el cálculo astronómico que realiza la máquina es exacto. Las inscripciones mencionan los puntos estacionarios de los planetas, la escala solar, los signos del Zodíaco, los nombres de los meses y las 4 fases lunares. Además, indican el estado de otros dos ciclos astronómicos importantes: el ciclo de Saros –se trata de un lapso de 18 años que separa el regreso del Sol, la Luna y la Tierra a las mismas posiciones relativas-, y el ciclo de exeligmos, un periodo de 54 años y 1 día esencial para la predicción de eclipses.

Las dimensiones reales del aparato fueron 340 x 180 x 90 milímetros. Sus restos fueron encontrados en 82 fragmentos separados, de los cuales sólo unos pocos contienen caracteres o inscripciones. No obstante, estos posibilitaron establecer la época aproximada en que el artefacto habría sido diseñado y utilizado, alrededor del 87 a.C. Se cree que está compuesta por una aleación de bronce baja en estaño, pero el avanzado estado de corrosión ha hecho imposible llevar a cabo un análisis exacto de su composición.

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Las instrucciones están escritas en koiné, la lengua común de los griegos, y el consenso común entre los estudiosos es que el mecanismo fue realizado en el mundo de habla griega. Algunas teorías afirman que fue construido en la academia fundada por el filósofo estoico Posidonio, en la isla de Rodas la cual era conocida como un centro de astronomía e ingeniería mecánica. Esta hipótesis sugiere también, que el mecanismo podría haber sido diseñado por el astrónomo Hiparco, ya que el mecanismo  se vale de la teoría del movimiento lunar desarrollada por el científico. Otra hipótesis, derivada de investigaciones recientes sugieren que la base del aparato se originó en las colonias de Corinto, lo que implicaría una relación con Arquímedes.

En la actualidad, el antiquísimo objeto está siendo estudiado por el Proyecto de Investigación “Mecanismo de Anticitera”, un programa conjunto entre universidades de Estados Unidos y Grecia.

Al día de hoy, el mecanismo de Anticitera se expone en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, acompañado con una reconstrucción realizada y donada al museo por Derek de Solla Price, profesor de la Universidad de Harvard. Asimismo, existen réplicas del raro artefacto en museos de Nueva York y París. La empresa de relojes Hublot diseñó un modelo del mecanismo en miniatura para adaptarse a la muñeca.

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Cada día, nuevos hallazgos como este nos llevan a preguntarnos en qué medida ha avanzado  realmente la humanidad: cabe plantearse si hemos evolucionado o si, simplemente, hemos vuelto a reconstruir en parte un gran caudal de conocimientos ya desarrollados por los antiguos pero luego extraviados en el curso de la Historia.

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