Impresoras con micropuntos

¿Una garantía de seguridad pero una amenaza a la privacidad? Los micropuntos que producen ciertas impresoras láser para identificar su número de serie, son vistos como el principio de una invasión por parte del gobierno a la información privada de los particulares.

Hace dos décadas, algunas empresas comenzaron a desarrollar impresoras láser que dejaban en el papel pequeños puntos junto con las imágenes o letras. Esos puntos formaban un código que permitía conocer desde qué impresora y cuándo había sido copiado determinado documento. Cada máquina dejaba una marca única, que sólo podía ser interpretada con un sistema de codificación propiedad de la fábrica en cuestión y del servicio secreto. El objetivo de estos micropuntos es permitir el rastreo de un papel impreso a la impresora fuente y por consiguiente al fabricante y punto de venta, lo que abriría la pista para resolver casos de falsificación. Dado que muchas impresoras láser a color son capaces de producir moneda falsa de aspecto muy convincente, actualmente está prohibido imprimir billetes por sistema de micropuntos. Si estos se detectan en papel moneda, es posible identificar la impresora que lo creó y descubrir redes de falsificación.

Este sistema despertó –y mantiene viva aún hoy- una fuerte polémica. Una fundación que defiende derechos civiles -la Fundación Fronteras Electrónicas, más conocida por sus siglas, EFF- llamó la atención de todos sobre las impresoras láser. Durante tres años, la EFF fue recopilando documentos impresos en diferentes impresoras. Voluntarios de todo el mundo prestaron ayuda para el proyecto. Cuando la organización hizo la denuncia legal, los servicios secretos estadounidenses tuvieron que admitir los acuerdos hechos con ciertos fabricantes de impresoras para identificar productos falsificados. Pero esta sería solo la punta del hilo, ya que hasta ese momento se ignoraba la naturaleza de la información codificada en los documentos. Xerox y Canon son dos de los fabricantes que incluyen dichos códigos. El técnico de EFF, David Schoen, aseguró que los puntos de por lo menos una línea codifican el código de serie de la impresora y la fecha y hora de impresión del documento.

La organización comenzó sus investigaciones con la línea DocuColor de Xerox, ya que era una impresora fácil de encontrar en oficinas o centros de fotocopiado. Como se trataba de una impresora de alta gama, era poco probable que se encontrase en residencias particulares. Al comparar distintos documentos producto de la misma máquina, se pudo establecer la forma de decodificarlos.

Sin embargo, aún queda mucho trabajo por hacer. Schoen ha señalado que hasta el momento sólo se ha logrado romper el cifrado de la línea DocuColor. Tras algunas indagaciones, la compañía Xerox admitió estar vinculada con el gobierno estadounidense en este sistema de rastreo de datos. Al mismo tiempo, aseguró que únicamente los servicios secretos eran capaces de descifrar la información.

La situación investigada por EFF tomó mayor relevancia cuando, al cabo de pocos años, el precio de las impresoras láser se volvió accesible, con lo que mucha gente comenzó a tenerlas en su hogar. Entonces, la fundación alertó sobre la posibilidad de que los micropuntos de identificación pudieran ser utilizados con otros propósitos. Así, el supuesto que asumen las personas de que lo que imprimen es anónimo, podría estar errado. A pesar de las investigaciones hechas por la EFF, las autoridades toman por ridícula la sugestión de que los códigos representen algo más que una campaña contra la falsificación.

De todas maneras, más allá de las evidencias es poco probable que los micropuntos sean usados para otra cosa, no sólo porque haría falta interpretarlos, sino también porque se necesitarían los medios para localizar al dueño de una impresora específica. Sin embargo, y siendo así, surge el interrogante de por qué los fabricantes de impresoras se niegan a admitir que sus máquinas marcan cada documento con un identificador único. Los micropuntos en cuestión son puntitos de color amarillo y menos de un milímetro de diámetro. Están repetidos en todas las páginas del documento. Imperceptibles a simple vista, solo pueden ser notados con ayuda de una luz azul y microscopio.

La forma de esconder la información es rodearla de ruido, es decir, de información extra que es la evidente, la que primero salta a la vista del receptor. Con la atención en ella, el lector pasa por alto la información oculta. Básicamente, el procedimiento consiste en esconder puntos minúsculos en fotografías. Estos puntos son imperceptibles para el ojo normal humano, e incluso es difícil detectarlos con lupa. Sin embargo, para los servicios de inteligencia los micropuntos eran fácilmente detectables, porque estaban basados en un patrón analógico de información.

Origen del sistema

 

Los micropuntos provienen de la estenografía. Etimológicamente, el término es de origen griego y puede traducirse como “el arte de escribir en forma oculta”. Este método ya era conocido por los antiguos, y ha sido empleado desde que el hombre inventó los sistemas de escritura. Con la evolución de las comunicaciones y la tecnología, fue adoptando diferentes formas a través del tiempo. En palabras sencillas, la esteganografía es una manera de trabajar con información inserta dentro de otra información. Los términos esteganografía y criptografía suelen confundirse; sin embargo, el objetivo de cada uno es diferente. Mientras que la criptografía intenta que un mensaje no pueda ser comprendido –porque está elaborado a través de un código cifrado-, la esteganografía va más allá: intenta que ni siquiera se note que existe ese mensaje secreto. Esto es, apunta a que, además de estar cifrado, no pueda ser descubierto. De todas maneras, advertir un mensaje esteganografiado no siempre garantiza que se vaya a poder comprender su contenido, porque este es justamente otro de los objetivos de la técnica.

Los alemanes inventaron la técnica de los micropuntos durante la Segunda Guerra Mundial y lo utilizaron asiduamente en la Guerra Fría. La radio y el teléfono eran medios de comunicación efectivos pero que podían ser fácilmente interceptados por el enemigo. El método era bastante específico: se hacía necesario reducir fotográficamente una página de texto a un punto que medía menos de 1 milímetro de diámetro; a continuación, el micropunto obtenido se escondía sobre un punto y aparte de una oración en una carta. Por supuesto, la misiva abordaba, en su superficie, temas sin importancia. Otro de los sistemas de cifrado más famosos de la historia se llamó “Enigma”. Se trataba de una máquina con teclado y tres ruedas dentadas ajustables, las cuales permitían descodificar automáticamente mensajes cifrados. Sobre todo, fue utilizada para codificar las órdenes de radio que recibían los submarinos alemanes.

En 1941, el FBI descubre por primera vez un micropunto, tras escuchar el rumor de que los norteamericanos debían buscar en la superficie de las cartas un brillo muy pequeño, indicativo de un film diminuto. Así, por un tiempo la inteligencia estadounidense fue capaz de leer el contenido de la mayor parte de los textos interceptados. Sin embargo, pronto los alemanes se percataron y comenzaron a codificar el mensaje además de reducirlo en puntos.

Ya en tiempos de paz, el desarrollo masivo de las telecomunicaciones trajo como consecuencia la necesidad de proteger cierta información. Así, las técnicas estenográficas salieron del ámbito militar hacia muchas otras áreas de la vida cotidiana: bancos que requieren proteger datos propios o de sus clientes; tarjetas de crédito; usuarios de teléfonos celulares que no desean que se escuchen sus conversaciones; hasta ciertos datos del gobierno, como por ejemplo, resultados de votaciones, censos o estadísticas.  El auge de la informática daría a la esteganografía nuevas posibilidades de desarrollo, mucho más automatizadas y efectivas. Fue entonces cuando surgen las impresoras con micropuntos. Los gobiernos de naciones poderosas no ven con buenos ojos esta técnica, sobre todo desde que se corrió el rumor de que AlQaeda había utilizado el método para transmitir información antes del atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York.

Hasta hoy, el gobierno asegura que solo utiliza la información para investigaciones donde puede haber falsificaciones de por medio. Por su parte, la EFF destaca que no hay leyes específicas para restringir el uso que los organismos secretos y oficiales hacen de esta información. Los códigos otorgarían a las empresas y gobierno nuevas vías para invadir la privacidad de las personas; además, el peligro sería mayor aún tratándose de un aparato de uso cotidiano como lo es una impresora.

 

El  listado de la EFF de las impresoras que dejan micropuntos es extenso, desde marcas como Hewlett Packard, Xerox, Canon o Epson hasta marcas menos reconocidas como Savin, Brother o Lanier.

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