El oso que peleó en la Segunda Guerra Mundial

Wojtek, el oso que actuó como soldado durante la Segunda Guerra Mundial, protagoniza una historia que todavía hoy muchos se niegan a creer.

En 1939, a comienzos del conflicto bélico, las tropas rusas invadieron parte de Polonia. Miles de soldados polacos fueron tomados como prisioneros y enviados a campos de concentración en la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Tres años más tarde, Alemania efectúa un ataque a Polonia, hecho que lleva a un acuerdo entre el gobierno ruso y el polaco para la liberación de los prisioneros.

Más de 65.000 personas, al verse liberadas, se vieron también abandonadas a su suerte en las frías estepas de Asia Central. Las posibilidades de sobrevivir eran escasas, teniendo en cuenta que debían soportar hasta 50 grados bajo cero albergados en tiendas de campaña. Finalmente, Stalin dispuso el traslado de los civiles y soldados liberados a Irán. Asistidos por británicos, los polacos fueron alistados en nuevas divisiones. Debieron ir a combatir al frente del Líbano, donde por entonces se encontraban los restos de las fuerzas de su país.

Era un gran trecho a ser recorrido; la cadena montañosa que separa Irán de Irak. En uno de los pasos, los soldados hallaron un joven que les rogó por un poco de comida. Pronto notaron que del saco que cargaba, asomaba la cabeza de un animal: era un osezno de unos dos meses de edad. El dueño refirió que lo había encontrado en una cueva, abandonado y a punto de morir. Conmovido, uno de los soldados quiso comprarle el osezno; tras repetidas negativas, el muchacho accedió finalmente a venderlo.

Entre todos se las ingeniaron para alimentarlo con leche condensada; desde entonces el cachorro se convirtió en la mascota de la división y decidieron bautizarlo Wojtek, un nombre polaco tradicional.

La convivencia con humanos le contagió sus costumbres, y así el oso bebía cerveza, fumaba, hacía el saludo militar y permanecía sentado en dos patas durante los recorridos en camión. A principios de 1944 las tropas polacas debieron recurrir en ayuda de los italianos, que intentaban defender la abadía de Monte Cassino, asediada por el ejército alemán. Se enlistó oficialmente al oso en el ejercito polaco obteniendo el rango de soldado de la 22º compañía de provisión de armamentos.

Fue allí donde el oso devolvió la ayuda recibida: al ver a los hombres bajar cajas de un camión, el animal se colocó erguido al lado del vehículo, mientras que con las patas delanteras intentaba aproximarse al material. Los soldados comenzaron a confiar en él para el traslado de las cajas más pesadas, difíciles de llevar en los abruptos senderos de Monte Cassino. Estas eran atadas a su espalda y el oso avanzaba con dirección al frente de batalla. Wojtek fue parte de la victoria: los polacos pudieron tomar la abadía y colocar en ella la bandera de su país.

Tras la guerra fueron trasladados a Gran Bretaña; volver al país natal se complicaba porque Polonia aún estaba controlada por tropas soviéticas. Muchos soldados emigraron; antes quisieron soltar a Wojtek en un bosque, pero las leyes británicas lo impedían. Entonces el oso terminó sus días en un zoológico de Edimburgo, donde fue visitado asiduamente por ex soldados y por muchos turistas curiosos que conocieron su heroica historia.

Wojtek nunca se adaptó al cautiverio y en sus últimos años casi no salió de su guarida. El 15 de noviembre de 1963 falleció y las autoridades erigieron una placa en memoria de este héroe desinteresado de la libertad. Posee diversos monumentos en Polonia como en Escocia.

En 2010 el gobierno de Escocia le rindió honores en un acto oficial.

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