El origen de Adidas y de Puma

Se sabe que las cajas negras de los aviones guardan una información que sólo será buscada en caso de catástrofe. Pero los lugares y las familias tienen también atesoradas en algún sitio sus propias cajas negras y los datos que allí se conservan o se ocultan permitirían recomponer, en muchos casos, la historia de un siglo. Si hubiera que reconstruirla en cartón o dibujarla, la caja negra que almacena los acontecimientos principales de la historia del siglo XX en la ciudad alemana de Herzogenaurach, tendría la forma de una caja de zapatillas, o mejor, de dos: una de Adidas y una de Puma.

Casa de Adidas y Puma

Al norte del estado de Baviera, Cristoph Dassler, uno de los tantos hombres que sufrieron las consecuencias de la revolución industrial, trabajaba cosiendo zapatos para la fábrica Berneis sin saber que sus dos hijos menores —Rudolf nacido en 1898 y Adolf en 1890— harían de su oficio, un imperio emblemático del capitalismo mundial que a fines del siglo XIX solo parecía sembrar las historias de algunos trabajos penosos y de una clase de desarraigo que antes hubiera sido inimaginable. En 1914, los dos hermanos fueron tempranamente reclutados para la primera gran guerra. Al regresar, Rudolf se fue a trabajar a una empresa mayorista de cueros en Núremberg. Adolf, en cambio, decidió probar suerte haciendo lo que desde pequeño había visto hacer a su padre: fabricar zapatos. La idea no solo era arriesgada por las dificultades propias de la economía de la posguerra, sino también porque la crisis hacía difícil, al mismo tiempo, conseguir materiales con los cuales emprender cualquier producción. Adolf comenzó, entonces, a buscar los restos que los soldados habían dejado esparcidos por los campos de batalla: botas y cascos, paracaídas, mochilas y neumáticos. En esa iniciativa de explorador vanguardista parecía estar en germen la gran idea del hombre al que llamaban Adi: la fabricación de calzado deportivo.

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En 1924, se sumaría su hermano menor Rudolf, encargándose de las relaciones públicas de la empresa. En los años 20, todavía, la mayor parte de los deportes se hacían con los mismos zapatos que el resto de las actividades diarias, de modo que la comodidad y flexibilidad que alcanzaron los diseños de Adi Dassler, hizo que rápidamente el concepto se impusiera en un mundo que empezaba a encontrar en las actividades físicas y en los espectáculos deportivos una pasión creciente. Cuando en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam de 1928, Lina Radke corrió llevando en sus pies las zapatillas de Gebrüder Dassler Sportschuhfabrik y ganó para Alemania la medalla de oro, Adolf Dassler descubrió que la alianza con el nombre y los éxitos de los deportistas, era el concepto necesario para conseguir una visibilidad que hasta el momento se consideraba imposible.

Si bien la asociación entre los negocios que giran en torno del deporte y los desafíos o los trofeos obtenidos por los jugadores más destacados del mundo sigue siendo una estrategia común actualmente, entre aquella ocurrencia original de Adi y las fotos de deportistas que es habitual encontrar en las vidrieras de las principales marcas deportivas, sucedieron innumerables acontecimientos que demuestran cómo las ideas brillantes y la historias de los emprendimientos nunca se resuelvan de modo lineal.

Cuando en 1933, Hitler obtuvo el más alto rango en la conducción de Alemania ambos hermanos se afiliaron al partido nazi. Así, el punto en el que la Gran Historia se toca con la vida cotidiana y familiar,  provocaría que la vida de Adolf y de Rudolf cambiara para siempre. Los dos fueron llamados en distintos momentos para servir al ejército, los dos por diferentes sospechas, fueron acusados de traición; pero tal vez haya sido su competencia por quedarse al frente de la empresa, lo que los llevó a aprovecharse de la guerra para delatarse uno al otro ante el ejército alemán y luego ante las fuerzas aliadas con el objetivo de aprovechar al máximo el imperio que habían fundado juntos.

En 1947, dividieron la fábrica. El río Aurach se convertiría en frontera; en una orilla se instalaba Adidas, la marca de Adi. Del otro lado, Rudolf, a quien llamaban el puma, por su facilidad para la conquista de hermosas mujeres, fundaba la compañía que tiene como emblema un felino que se muestra dispuesto a saltar sobre su presa. La separación, sin embargo, no calmó las aguas. La competencia se volvió feroz, tanto que no solo los hermanos se distanciaban para siempre, sino que la vida en Herzogenaurach, parecía ser la de dos pueblos enemigos enfrentados por el río. En su cuidadosa investigación a la que tituló Hermanos de sangre, Barbara Smit, cuenta que antes de iniciar una conversación con un desconocido, todos los habitantes del pueblo, miraban hacia abajo para saber qué zapatillas llevaba el que tenían en frente y advertían así,  no sólo de que lado de la contienda, tenía el otro sus preferencias sino también dónde trabajaba, donde vivía, en cuál de las orillas del río, y entre las tiendas de los amigos de quién, hacía sus compras cada persona.

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Las generaciones siguientes mantuvieron la disputa y aunque las dos empresas pasaron a manos de inversores y responsables ajenos a la familia, recién en 2009, los principales diarios del mundo anunciaron el histórico apretón de manos entre Herbert Hainer de Adidas y Jochez Zeitz de Puma. El encuentro con el que se celebraba a nivel global, el día internacional de la paz, culminaba con seis décadas de enemistad, signadas por las más graves acusaciones de engaños políticos, amorosos y comerciales. La historia de la fragmentación familiar y del pueblo, digna de Shakespeare o de una superproducción hollywodense, parece pura ficción y sin embargo, no sólo sucedió sino que también se distingue por ser una de las más representativas de los hechos que marcaron de punta a punta los acontecimientos del largo siglo XX.

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