El ejército fantasma

En la guerra, todo vale. Incluso, utilizar equipo armamentístico de juguete. Esta es la historia del Ejército Fantasma, un engaño táctico de la armada de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial que oficialmente fue conocido como la XXIII Sede de Tropas Especiales. Estaba conformado por una unidad de mil hombres, que tenían la misión de hacerse pasar por otras unidades del ejército norteamericano para confundir al enemigo.

El Engaño

Una de las mayores preocupaciones de los Aliados en el desembarco de Normandía o “Día D”, era que los Nazis no se enterasen dónde desembarcarían las tropas. Fue entonces, que uno de los métodos de engaño utilizados, además de los reportes falsos de espías, fue la creación de un ejército falso, compuesto de cientos de réplicas de tanques, aviones, tropas y artillería al que se llamó Ejército Fantasma, en inglés,  “The Ghost Army”.

Los soldados de este grupo fueron reclutados entre las más diversas profesiones; artistas, actores, diseñadores, arquitectos e ingenieros. A pesar de que conformaban una tropa de mil hombres, el contingente usaba artilugios suficientes como para hacer creer al enemigo que formaban dos divisiones de treinta mil hombres cada una. Los recursos que utilizaban eran variados; incluían tanques inflables, camiones de sonido, transmisores de radio y actores falsos entre otros.

El Ejército Fantasma montó una verdadera máquina de simulación: sus miembros realizaron más de 20 actuaciones, a menudo operando muy cerca del campo de batalla. Sus tácticas fueron tan secretas, que sólo 50 años después de finalizada la guerra, en 1996, se supo de su existencia.  Para llevar a cabo el engaño, la estrategia de camuflaje se dividía en tres aspectos: El engaño visual, el auditivo y el actoral.

Engaño Visual

En la estrategia visual, el Ejército Fantasma utilizaba tanques, aviones y artillería inflable o de madera,  que de lejos o en la oscuridad de la noche parecían reales. Por ejemplo, la 603º División de Ingenieros de Camuflaje fue equipada con cañones, jeeps, aeroplanos y tanques que los encargados inflaban con compresores de aire y luego ocultaban un poco imperfectamente, para que la vigilancia aérea del enemigo pudiera detectarlos. Además, los simuladores eran capaces de crear campos de aviación ficticios, vivacs de tropas con lavaderos falsos y baterías de artillería en unas pocas horas.

Engaño Auditivo

El engaño auditivo consistía en emular con parlantes gigantes los fuertes ruidos que producían hombres y descargas de artillería. Estaba a cargo de sus operaciones el coronel Hilton Railey quien ayudado por ingenieros de los laboratorios Bell, había acudido a Fort Knox para grabar los sonidos de las unidades de infantería junto con una serie de efectos de sonido que posteriormente  llevaron a Europa. En cada montaje, los sonidos podían ser mezclados para crear el escenario que querían mostrar al enemigo. Las grabaciones se hacían con un grabador de cable –el antecesor de la grabadora de cinta- y luego se reproducían con poderosos amplificadores y parlantes montados en mitad de los caminos. El sistema alcanzó tal efectividad que los sonidos podían ser escuchados hasta a 24 kilómetros de distancia.

El otro aspecto que se ocupaba el grupo eran las comunicaciones de radio a cargo de la Compañía Especial de Señal. Sus operarios creaban falsas redes de tráfico haciéndose pasar por operadores de radio de las unidades reales. Aprendieron a imitar el método de enviar mensajes en código Morse para que el enemigo nunca pudiera detectar  la señal de radio real y a su operador.

Engaño Actoral

Finalmente, se utilizaron efectos teatrales para complementar las simulaciones. Llamada por todos “Atmósfera”, esta farsa incluía la visita de actores disfrazados con las insignias de generales de alto rango a lugares donde era posible que los agentes del enemigo los vieran para simular que un gran ejército se encontraba cerca. A su vez, los camiones eran mandados en convoyes con solo dos soldados en la puerta trasera, para simular un camión repleto de infantería bajo la cubierta de lona. Además, los miembros de esta escurridiza Armada mezclaban algunos tanques reales con otros inflables para lograr, a distancia, un efecto más realista.


Las artimañas llevadas a cabo por la XXIII Sede de Tropas Especiales contribuyeron en gran medida a desviar a los soldados alemanes de las zonas de combate donde se concentraban los ejércitos aliados. Curiosamente, algunos de estos artistas-soldados tuvieron un fuerte impacto en el arte de posguerra. Arthur Singer, Bill Blass y Ellsworth Kelly fueron famosos artistas de los años ’50 y ’60 que antes habían servido en la Armada Fantasma.

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